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Virgen.
CIRCA 1500. Posible Austria.
Escultura tallada en madera policromada.

66,5 x 25 x 19 cm.

Escultura en bulto redondo representando a la Virgen María como una joven de delicada y suave belleza, con largos cabellos rubios ondulados, una pequeña corona, túnica roja (color que simboliza la Pasión) y manto verde. Se trata de un trabajo de exquisita talla, caracterizado por la sintetización ideal de los rasgos y por la suavidad de los plegados, siempre dentro del claroscurismo gótico.
La escultura germana del último siglo del gótico dejó atrás el canon corto y la factura algo popular a través de la influencia de la tendencia innovadora neerlandesa. Este influjo se traduce en las formas onduladas o angulosas de los pliegues de los ropajes, y en la delicada ternura que exhiben ciertas figuraciones femeninas. La Virgen, como muchas santas, será ahora representada como una muchacha, tanto en las imágenes de la Piedad como en las de la Virgen con el Niño en brazos. Estas representaciones adquirirán en la escuela germánica, desde el 1400, una refinadísima belleza, tanto en el Sur de Alemania como en Austria y Bohemia, como ejemplifican las llamadas "Vírgenes Hermosas" que se difundieron hasta Polonia y las tierras bálticas. Pero no será hasta alrededor de 1430 cuando en la escultura germánica aparezcan escuelas diferenciadas, especialmente en la parte meridional de Alemania, sobre todo en Baviera (Nüremberg) y Suabia. La primera figura fundamental será Hans Multscher, un escultor y pintor austriaco nacido en Allgáu y establecido hacia 1427 en Ulm, quien inició la escuela de Suabia. Otro maestro, excepcionalmente dotado, acabaría por imprimir un sello de delicado idealismo a la escultura germánica inmediatamente anterior a la del gótico tardío. Nicolas Gerhaerts era holandés de nacimiento, pero trabajó en Alemania y Austria. Realizó obras como el Crucificado del antiguo cementerio de Baden-Baden (1467), obra que revela de un modo muy claro cómo su autor había asimilado la influencia del progresismo escultórico, tanto de Flandes como de Borgoña. Posteriormente se trasladará a Viena, donde labró una lujosa lauda sepulcral en mármol rojo del emperador Federico III, en la catedral de San Esteban. Gracias a este escultor y a hábiles tallistas de la madera, como Jórg Syrlin (autor de las tallas del coro de la catedral de Ulm), se establecía aquella madurez en la escultura germana que exhiben numerosas imágenes y altares de los grandes escultores de los últimos años del siglo XV y los primeros decenios del XVI, referentes ya del primer Renacimiento en los países germánicos gracias a su nueva concepción.

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